El emparrado centenario de Pazo de La Cuesta mantiene la tradición de la uva de mesa desde el siglo XIX

En Pazo de La Cuesta encontramos espacios impresionantes donde su perfecta y cuidada conservación impide que el tiempo los deteriore a su paso. La fachada principal, los jardines y las dependencias de servicio, como la leñera, la perrera, la cuadra o el molino, se mantienen intactos desde hace cuatro siglos.

Aunque uno de los lugares más especiales de la finca y que también preserva toda su esencia es la parte de atrás del edificio principal, donde se encuentra un emparrado centenario de uva de mesa desde el siglo XIX.

Estos frutos, blancos y tintos, forman un techo de vegetación del que cuelgan los racimos. Una forma de cultivo tradicional en 1800 y que permanece en su estado original y con unas uvas perfectamente formadas.

Pertenece a una época de gran esplendor en el pazo, cuando Doña Pastoriza Flórez de Losada y Quiroga y Don Manuel Batanero de Montenegro, propietarios de la finca en la segunda mitad del siglo XIX, renovaron la casa solariega, modernizaron la hacienda vitivinícola en Galicia e importaron de Francia la garnacha tintorera cuyas cepas prefiloxéricas datan de 1860. Además,  embotellaban y etiquetaban los vinos que elaboraban, en vez de venderlos a granel. Todo ello, muestra la mente empresarial que tenían ya en aquella época. Eran verdaderos emprendedores

La tradición del consumo de uva de mesa en el pazo es otro de los legados históricos que permanecen inalterables en este histórico château gallego.

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