La Pastoriza y Batanero, catorce generaciones de legado vitivinícola

En 1608 fallece Don Álvaro de Gonzalo y Somoza, fundador de Pazo de La Cuesta, quien nombra heredero a su nieto, el capitán Álvaro de Losada y Somoza. Este, junto a su esposa María de Valcárcel de Quiroga y Balboa, decidió dejar para la posteridad un símbolo de su linaje: un escudo de armas labrado en pizarra que aún hoy preside la casa solariega.

En él quedaron unidos, a través de un delicado lenguaje heráldico, los emblemas de sus históricas familias: los seis dados y la flor de lis de los Somoza, la losa sobre dos lagartos de los Losada, el árbol con cuatro estacas de los Valcárcel de Quiroga y el león rampante emergiendo de las aguas de los Balboa. Más que un escudo, era la afirmación de una historia familiar destinada a perdurar generación tras generación.

Siglos después, en el XIX, aquel símbolo fue recuperado por su descendiente Doña Pastoriza Flórez de Losada y Quiroga al contraer matrimonio con Don Manuel Batanero Montenegro. Con ellos, la antigua Casa de La Cuesta cuyo nombre oficial fue tomando a lo largo del tiempo las formas de Pazo de La Cuesta, Castillo de La Cuesta y Palacio y Granja de la Cuesta, comenzó a ser conocida entre los lugareños como Pazo do Batanero, iniciando una nueva etapa marcada por la visión, el esfuerzo y la pasión por el vino.

La Pastoriza y Batanero
La Pastoriza y Batanero

En una época en la que pocos se atrevían a innovar, apostaron por modernizar el trabajo vitivinícola del pazo. Importaron variedades francesas como la garnacha tintorera, cuyas cepas prefiloxéricas, plantadas en torno a 1860, aún sobreviven como un tesoro vivo de la viticultura europea. Aquella manera de entender el vino revelaba un espíritu adelantado a su tiempo: eran auténticos emprendedores movidos por la ambición de elevar el nombre de su tierra.

La historia del Pazo de La Cuesta ha atravesado siglos de esplendor, transformación y resistencia. Fue una de las primeras bodegas del norte de España en comercializar vino embotellado y etiquetado, dejando una huella imborrable en la tradición vitivinícola gallega.

Hoy, Manuel Bellod Álvarez de Lorenzana, tataranieto de Doña Pastoriza Flórez de Losada y Quiroga y de Don Manuel Batanero Montenegro, mantiene vivo ese legado familiar con el mismo respeto por la tierra y la historia. Entre las siete referencias vinícolas que nacen actualmente en el pazo, dos vinos rinden homenaje a quienes hicieron posible este camino: La Pastoriza y Batanero, nombres que guardan siglos de memoria, esfuerzo y amor por el vino.

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