En Pazo de La Cuesta, la crianza en madera es una parte esencial de nuestra forma de entender el vino, es parte de nuestra identidad. Cada barrica, fudre o tina aporta matices, personalidad y una manera diferente de acompañar la evolución del vino, siempre buscando el equilibrio entre la expresión del terruño, la variedad y el carácter propio de cada elaboración.
Para ello, trabajamos con cuatro tipos de madera: roble francés, americano, húngaro y transilvano. Cada una ofrece sus propias características y posibilidades, permitiéndonos explorar diferentes perfiles y encontrar la combinación más adecuada para cada vino. Todas nuestras maderas cuentan con tostados de grano fino y extrafino, una elección que responde a nuestra búsqueda de una crianza precisa, delicada y respetuosa con la identidad del vino.

Roble francés: elegancia y estructura
El roble francés destaca por su aportación de estructura, finura y complejidad. Su influencia puede traducirse en notas especiadas, sutiles matices tostados y una integración delicada en el conjunto. Es una madera que permite acompañar la evolución del vino sin restar protagonismo a su carácter varietal.
Roble americano: amplitud y expresión aromática
El roble americano suele asociarse con una expresión aromática más marcada, en la que pueden aparecer recuerdos de vainilla, coco y especias dulces. Su personalidad permite explorar crianzas con mayor presencia aromática, siempre en función del vino y del equilibrio que se quiera conseguir.
Roble húngaro: equilibrio y complejidad
El roble húngaro ofrece una alternativa interesante para trabajar la estructura y la complejidad. Puede aportar matices especiados y tostados, con una influencia que depende del origen de la madera, del grano y del nivel de tostado. Su incorporación amplía las posibilidades de crianza y de combinación entre distintos perfiles.
Roble transilvano: personalidad y matices propios
El roble transilvano suma una nueva dimensión a nuestro trabajo con la madera. Sus características dependen de la procedencia concreta y de la preparación de cada barrica, y permiten explorar matices propios dentro de una crianza orientada a preservar la identidad del vino.

Más allá del origen de la madera, en Pazo de La Cuesta apostamos por tostados de grano fino y extrafino, buscando una aportación integrada y respetuosa con la expresión del vino. Nuestra bodega dispone de barricas de tipo bordelesa de 300 y 500 litros, así como de fudres con capacidades comprendidas entre 1500 y 2500 litros. Estos recipientes de mayor volumen son los elegidos para la crianza de nuestros vinos La Pastoriza, favoreciendo una evolución pausada y una integración armoniosa de los distintos matices.
Por su parte, Batanero cuenta con una tina especial de 3000 litros, concebida para acompañar su elaboración y evolución de acuerdo con la personalidad que buscamos en este vino.

En Pazo de La Cuesta, cada madera y cada formato tienen su razón de ser. La elección de los recipientes no es casual: forma parte de un trabajo minucioso en el que tradición, conocimiento y sensibilidad se unen para dar vida a vinos que expresan nuestra manera de entender el viñedo y la crianza.
Porque la madera no debe ocultar el vino, sino acompañarlo, respetarlo y ayudarle a desarrollar todo su potencial.

